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La nave que no llega: Peri Rossi y el eco lejano de El Bosco

Un paralelismo entre la pintura y la novela: dos naves que navegan sin rumbo a través de los siglos.

Hay libros que se leen como si fueran mareas. La nave de los locos, de Cristina Peri Rossi, es uno de esos textos que no avanza en línea recta, sino que sube, baja, retrocede y vuelve a empezar. Un viaje hecho de fragmentos, igual que la vida cuando uno pierde el lugar de origen.

Desde el título, Peri Rossi convoca una imagen antigua: la nave desbordada y absurda de El Bosco, llena de cuerpos entregados al caos. Pero en su novela, ese barco medieval cambia de forma. La embarcación ya no está hecha de madera, sino de aeropuertos, habitaciones de hotel, ciudades que no se nombran. Y los “locos” ya no son los viciosos que el Bosco moraliza, sino los exiliados, los que viajan sin querer viajar, los que cargan una herida que no se ve.

Equis, ese personaje que es casi un pronombre, casi un vacío, vaga por el mundo como quien busca una orilla imposible. Su identidad se deshace en el trayecto, igual que se deshacen los bordes de un mapa usado demasiadas veces. Cada escena es un puerto, un descanso momentáneo, un intento de amarrar que nunca termina de funcionar.

Y ahí está el paralelismo más hermoso y más doloroso: tanto en el cuadro como en la novela, la nave avanza sin rumbo. Pero mientras el Bosco señala la locura del mundo medieval, Peri Rossi apunta a otra clase de extravío: el del que ha perdido su casa, su lengua, su centro de gravedad. La locura, en su libro, no es desorden moral; es la forma íntima y silenciosa del exilio.

Ambas naves, la de madera y la de palabras, se parecen en algo esencial: ninguna sabe a dónde va. Pero la de Peri Rossi, a diferencia de la del Bosco, no juzga: acompaña. Es un espacio mínimo donde sobrevive el deseo, la memoria, la posibilidad frágil de seguir adelante.

Quizás por eso, aunque su barco nunca llegue a puerto, el lector sí llega a una certeza: que la errancia también puede ser una forma de pertenencia. Una forma de seguir viviendo.